No podía soportar un segundo más, llevaba muchos días sin saciar mi hambre de su cuerpo, sin calmar la sed de mi lengua por su piel. Hace días no estaba en contacto con ella, no porque no quisiera sino por impedimentos. Hoy era distinto, luego de tantos días de extrañarla y desearla, por fin la iba a ver. Preparé un ambiente especial, una cena preparada por mí (aunque no soy muy buen cocinero) y un ambiente adornado por velas. La luz tenue y nuestros juegos de caricias y besos nos condujeron a desnudarnos incluso antes de terminar de cenar. Las copas de vino aportaban un excelente ánimo en ambos. Mis ganas crecían al igual que mi erección... besaba sus pezones, los chupaba y mordía mientras mis manos apretaban sus nalgas, afffff necesitaba comérmela sin que sobrará una sola pieza. Los besos que compartíamos eran una mezcla de cariño inmenso y de excitación desbordada, me encanta el sabor de su boca, su lengua, su piel... descendí con besos por su vientre, pase por su ombligo hasta llegar a su vagina. Besé sus labios, los probé con ansías descontroladas, mi lengua la llevo a la locura. En ese punto no aguantaba más, me acomodé y se la metí y empezamos a hacerlo rápido, duro y apasionadamente. Tome sus caderas con mis manos para poder arremeter con mayor deseo. El sonido de nuestras pieles chocando era más excitante aún, y aumentaba más el placer el escuchar el sonido de su humedad y la mía rozando nuestros sexos al entrar y salir de ella. Al borde de explotar arqueo su espalda hacia arriba y soltó un gemido que se podía confundir entre el dolor y el placer de una manera única, unos segundos después eyaculaba como nunca lleno de placer dentro de ella. Ufff, el sudor, el calor, los sonidos... el placer. Todo en una mezcla grandiosa que nos daba inicio a nuestra noche.
- Oscar -
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Esa tarde le pedí que me acompañara a comprar unas cosas al centro comercial, por supuesto que él aceptó. En el camino íbamos bromeando, casi siempre lo hacemos, me tocaba en partes que me provocaba y me decía - Te toco donde sea y cuando sea - con esa mirada tan provocativa; al llegar al centro comercial, nos metimos en una venta de ropa, me llamó mucho la atención un vestido y pedí para probarlo, mientras empezaba a quitar mi ropa, él se asoma y me mira con unas ganas de comerme, mordiendo su labio - Uffff - le decía - Papi, no me provoques - Él con su mirada picarona se acercó a mi oído y susurrando me dijo - Te recuerdo que te provoco donde yo quiera - Eso me excitó demasiado, así que sin perder tiempo, se bajó su jean y su bóxer y me lo metió desde atrás - Affff - yo aguantaba esas ganas de gritar, me lo hizo bien rico, bien duro así como a mí me gusta, en ese momento no nos importaba si nos pillaban, solo importaba llenarnos de placer, me encanta cuando me domina, me lleva al cielo, me hace temblar, solo él sabe hacerlo, solo él… esa tarde fue deliciosa, tener sexo en ese probador me excitó… llegamos al clímax juntos… luego nos fuimos de esa tienda agarrados de la mano, con una sonrisa placentera, Guardando ese secreto en el probador…
::Sofía::
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Una tarde típica. Nos encontrábamos solos en el apartamento viendo películas, por unos minutos me distraje mirándolo, sonreía al hacerlo, allí me perdí un buen rato, solo me importaba mirarlo y pensar en que nunca quisiera perderlo, nunca. De repente, él volteo hacía mí y me dijo en forma bromista - ¿Qué tanto me miras? ¿Acaso te gusto? - Le respondí rápidamente -¿Algún problema con eso? - ya sabía lo que me esperaba al responder así, sonreímos juntos, mientras sonreía me decía - ¿Sabes lo que le pasa a las niñas contestonas? - respondiendo, le dije: - Lo sé perfectamente, así que no pierdas tiempo - Allí empezaba nuestro juego de placer, con caricias prohibidas, con besos que despiertan y estremecen nuestros cuerpos, acercándose a mi oído me susurro - Te lo voy hacer muy duro por contestona, te va a doler... pero te encantará sentir ese dolor, te haré estallar, te haré mía - Al decirme eso, mi respiración aumentó, mi excitación más, le tomé su mano y la guié a esa parte donde quería que me tocara, allí empezó a darme muy rico, muy fuerte, con muchas ganas, solo se escuchaban gemidos y el sonido de su mano en mi clítoris, me dio tan duro y rápido, que en minutos me hizo sentir en el paraíso, a pesar de estar muy débil, él siguió tocándome, fue bajando con besos desde mi pecho hasta mi vagina, y empezó a besarla como si de mi boca se tratase - Mmmm - delicioso sentir su lengua moviéndola muy rico en mi clítoris, las ganas de él aumentaron mucho y se quitó su bóxer y volteándome me lo metió muy rico por atrás, me dio con todas sus fuerzas, me tomó mi cabello fuerte y no paraba de darme, haciéndome estallar otra vez y en minutos llegó dentro de mí. Lo que paso el resto de la tarde, solo quedo como secreto entre nuestras sabanas…
::Sofía::
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No aguantaba más las ganas, el calor en mis genitales y todo mi cuerpo caliente desbordaban deseo en mí. Nos habíamos distanciado desde hace algunas semanas, permitimos que pequeñas diferencias se hicieran grandes abismos entre nosotros. El Amor que siento por ella es más grande que nuestras bobadas, desde hacía días ya, cambié mi actitud y volví a demostrarle cuanto la amaba, pero este día en especial ya no podía soportar tanto ardor, tantas ganas de hacerla mía...
Me acerqué por detrás y rodeé su cintura con mis brazos mientras mis labios besaban su cuello - ¿Qué haces? - me preguntaba algo sorprendida y conmocionada por un escalofrío que encendía poco a poco su piel - Shhh, no hables - Contesté. Mis manos subieron por el interior de su blusa y transmitían mi calor a su vientre, luego subieron un poco más provocando que sus pezones endurecieran, para mi gran placer no traía sostén puesto, los roce con las yemas de mis dedos y luego con mis manos apreté sus senos. Un ligero soplo de aire caliente exhalado desde mi pecho a través de mi nariz en su oreja, sus ojos se cerraron y su deseo estallo. Nos desnudamos por completo con rapidez y ansías, nos tocamos, nos besamos, nos sentimos... así, estando detrás de ella, tomó mi miembro con su mano izquierda y lo colocó en su centro de deseo, entrando en ella con gran placer para ambos, me dediqué a meterlo y sacarlo a velocidad, jadeábamos sudando, una de mis manos liberó su cadera para tocar su clítoris, sin detener mis embestidas. - ¡Más Amor, más duro! - me rogó gimiendo. Su tibio interior con el sonido de su ruego me descontrolaron, la masturbé y penetré con más ahínco llevándonos al clímax al mismo tiempo. El placer fue increíblemente inmenso... nos quedamos así abrazados, sudando con la respiración totalmente agitada, su mano izquierda acariciaba mi pelo mientras su orgasmo finalizaba tras más de medio minuto
- Te Amo - escapó de nuestras bocas sedientas ahora de besos.
- Oscar –
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Sábado, lluvia y ambiente frío llenaban el día. Pero su ánimo, a diferencia del clima, se encontraba caliente, calcinando su razón. Me miró con unas ganas infinitas que rogaban por ser saciadas, mientras mordía su labio inferior. Acercándose a mí con movimientos casi felinos, me susurró al oído que desde que despertó tenía muchísimas ganas. Me contó, entre mordiscos que proporcionaba a mi oreja izquierda y caricias a mi espalda y cabello que incendiaban de deseo mi cuerpo - Estaba recordando lo de hace algunos días y me excité muchísimo, tengo muchas ganas, papi. - Inmediatamente mi pantalón se abultó y ella se pegó a mí completamente para sentir mi erección. Estaba hambrienta de placer, el calor en su entrepierna, el cosquilleo en su vientre y los escalofríos que la recorrían me dominaron. Nos desnudamos con rapidez, nos tocamos y acariciamos. Besábamos nuestras bocas salvajemente, como si de ello dependiera nuestra existencia, la danza de nuestras lenguas incitaba más y más cada vez. La toqué y se encontraba húmeda, 'mojadita' como me fascina tanto. Cuando quitamos nuestras últimas prendas, nos acoplamos, penetrándola con ansías y fuerza. La levanté de la silla en la que estaba y la puse contra una ventana, abrió sus piernas para permitirme entrar hasta lo más profundo de sí misma y puso una de ellas en mi hombro, lo disfrutamos de una manera irrepetible. Explotamos en placer, contracciones y sudor con simples segundos de diferencia. Jadeábamos y sonreíamos... pero seguíamos con ganas de más...
- Oscar-
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La noche de nuestro aniversario. Luego de un día muy especial lleno de detalles, canciones, bromas y mucha pasión, entré al apartamento mucho más enamorado de ella que antes, hablamos durante un tiempo de nuestro día y de las fantasías que realizamos y llevamos a cabo temprano, el placer del cual disfrutamos fue inmenso. Hablamos por un corto tiempo antes de notar que ella estaba muy excitada nuevamente, tanto, que en pocas palabras me pidió que la devorará, que lo necesitaba otra vez. Entendí y me encantó lo excitada que estaba pero solo hasta después fue que pude ver que era demasiado. Despertó en mí a aquella bestia que le encanta verla disfrutar, inicié con un beso apasionado, introduciendo mi lengua en su boca a lo cual correspondió con caricias desesperadas que me acercaban sin dejar un solo espacio entre su cuerpo y el mío. Mi mano hambrienta de saciar su deseo, descendía por sus senos y su vientre hasta llegar a su sexo, el cual acaricié sobre su ropa interior, habiendo introducido mi mano en su short que le quedaba tan provocativo, tan sexy... fue un placer inmenso para mí descubrir que no mentía lo excitada que estaba, un temblor recorrió su cuerpo entero y un gemido fue ahogado en su boca, añadiendo que su ropa interior ya estaba húmeda. Mi mirada en su rostro llena de deseo la incitaba aún más, mientras que mis hábiles manos la desnudaban lo suficiente para complacerla. Mi boca y mis dedos entraron al juego. Tan solo tomo un par de minutos y su orgasmo la conmocionaba como un volcán en erupción, salvaje y sin control. Fue increíble, nunca la había visto llegar tan rápido, fue en exceso placentero para ambos. No me detuve, ella quería que siguiera, quería más y así lo hicimos, el siguiente orgasmo tomo muy poco tiempo también. Estaba maravillado y muy excitado por lo excitada que la vi y lo rápido que disfrutó, me fascinó por completo, sellamos el día con un beso y mostrándonos cuanto nos amamos.
- Oscar -
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Ya no podía aguantar más las ganas de ella, llevaba demasiados días sin poder saciarlas. La vi salir luego de tomar una ducha y ponerse unas prendas, traté de controlar el ímpetu que me dominaba para que la hiciera mía. Me acerque por atrás tomando su cuello con una de mis manos y la otra pasándola sobre su vientre, ambas con una fuerte presión, mas sin lastimar. No podía contenerme más, le susurré al oído casi entre dientes - Tengo demasiadas ganas, mami. - Mi erección era imposible de ocultar y pudo sentirla en su cola. La sorpresa mezclada con mi forma de actuar y las sensaciones que le provoqué, dieron inicio a varios cambios en su cuerpo... comencé a besar y chupar su cuello y su oreja, mi mano en su cuello la sujetaba para que no lograra separarse, cosa que tampoco quería hacer en este momento, la otra bajó curiosa hasta su entrepierna masajeando por encima de la ropa. Sus pezones endurecieron y al no vestir sostén se marcaron en su ropa, aafff eso me descontroló completamente al verlo, mis manos hábiles incendiaban su cuerpo de deseos, de placer, estuvimos un tiempo así hasta que, quien no podía más era ella. Rodeó mi cuello con uno de sus brazos, sujetando mi nuca con su mano para besarme apasionadamente, el sudor se presenta provocativo e insinuante con el calor de nuestros cuerpos animalizados. Arranqué su ropa y la lancé lejos, ella destrozó las prendas que yo vestía, tomó mi miembro en sus manos y con su boca incomparable me deshizo. Tras varios segundos correspondí con mi boca y mis dedos en su sexo glorioso. Parecíamos dos fieras indomables, nos acomodamos acoplándonos, se lo hacía como un animal insaciable, duro y placenteramente desquiciante... Necesito más.
- Oscar -
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Previamente ya habíamos estado preparando el ambiente en la tarde, ambos teníamos muchas ganas... cuando regresé al dormitorio, la vi con ese short corto, y una blusa escotada, al verla así, el deseo me hizo sentir de una forma especial, entonces comencé nuestro juego - ¿Qué haces aquí tan sola, Caperucita? - le dije en voz baja y con mi rostro lascivo. Acercándome a la cama en la que estaba. Comprendió el juego en el instante y participo también - Tan solo pasaba por aquí, señor lobo - Respondió con voz suave, mirada traviesa y ocultando una sonrisa deseosa. Tomándola con mis manos la arrodillé en la cama mientras yo seguía de pie en el suelo frente a ella. Mis manos hambrientas de su cuerpo comenzaron a acariciar su cuerpo por encima de la ropa, fuertemente, y mientras parafraseábamos las líneas de la historia combinándolas con nuestro juego, nos excitábamos y provocábamos más. Quité la blusa de su cuerpo sacándola por encima, haciéndola levantar sus brazos, no tenía sostén así que mi boca se ensañó con sus pezones, llenándolos de besos y chupones, mis manos inquietas entraron donde querían, hasta su entre pierna por dentro de la ropa, mis dedos y sus movimientos la enloquecieron. Quité lo que quedaba de sus prendas y ella desvistió las mías. La acomodé sobre sus rodillas y sobre sus manos encima de la cama, me puse atrás de ella y con mi boca la llene de placer durante unos minutos, cuando estaba en el máximo esplendor de su placer, la penetré desde atrás, sus gemidos y mi pasión se mezclaron. La embestía con fuerza y rapidez mientras que una de mis manos apretaba uno de sus senos y la otra acariciaba su clítoris, hasta que tuvo uno de los orgasmos más deliciosos que experimentó en su vida, ahogando un grito para no ser escuchada fuera de nuestro lugar, unos cuantos segundos después mientras aún seguía delirando de placer, mi cuerpo entero se estremeció llegando dentro de ella. Sudados, jadeando y complacidos, mezclamos nuestra realidad y la fantasía de la forma en que solo nosotros podíamos... un beso concluía el momento que daría inicio a otros más esa misma noche.
- Oscar -
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Era mañana de domingo, teníamos que salir y ya estábamos listos, pero ella no quería ir, intente hacer que se levantara de aquella cama en donde caprichosamente se había vuelto acostar. Después de insistir durante unos minutos y verla seria diciendo que ya no quería ir, pensé en algo más... le dije - Si vas conmigo haré algo que te encanta - la condicioné. Me miro pensando en que iba a hacer yo, y sonrío mientras su vientre empezaba a llenarse de ganas, con su cabeza asintió mientras su sonrisa ahora se convertía ahora en un labio inferior mordido por sí misma. La tomé por los tobillos mientras me arrodillaba frente a ella y levantaba su vestido... explotó. No recuerdo otro domingo en donde saliera tan sonriente...
- Oscar -
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En la llamada me decía que quería verme, que se sentía algo aburrida, un poco triste. Por supuesto siempre estoy para ella. Me encontraba esperándola mientras arreglaba un poco mi desorden. Entró y en su rostro noté que no mentía. La abracé y nos quedamos así bastante tiempo, luego nos acostamos un rato en el sofá abrazados. Su ánimo dio un giro y me besó, lentamente al principio luego con más pasión, me provocó mucho y ella pudo sentirlo, se separó de mi rostro un poco y sonrió de manera coqueta, mi sonrisa se dibujó en mi rostro de inmediato... pero no quería presionarla si aún se sentía triste (aunque ganas no me faltaban), me levanté para servirnos algo de tomar y tal vez así calmarme un poco, pero ella se levantó después que lo hice y me siguió, jalándome de una mano me atrajo de nuevo hacia ella, nos besamos con mucho deseo, bajé con mordiscos suaves por su mentón. Mis manos masajeaban sutilmente su cintura, con ambas manos tomó mi rostro y lo bajó por su cuello para que lo mordisqueara y besara de igual manera, que la excitaba de manera única. Tomo una de mis manos y la dirigió hasta su sexo, sin dudar la introduje por su interior hasta sentirla directamente, comenzó a jadear ligeramente... nos quitamos la ropa suficiente para dejarnos llevar y olvidar cualquier aburrimiento. Ambos llegamos juntos al clímax de una manera riquísima.
- Oscar -
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Esta mañana desperté muy tempranito para asistir a una de las festividades de un pueblillo que formó parte de mi adolescencia, hermosa tierra donde se respira un olorcito a caña quemadita, jugosita lista para deleitar el paladar… al llegar todo era perfecto y más aún cuando vi venir hacia mí un muchacho que al acercarse me dijo: ‘‘¡Hola! ¿Me recuerdas?’’ Yo respondí ‘‘No’’ con voz altanera, y me susurró al oído "Ya me recordarás..." Con voz firme que me hizo temblar hasta el alma, despertando todas mis inquietudes que habían estado ancladas por mucho tiempo, me mordía los labios de solo escucharlo, pero aun así no sabía de quien se trataba. Bueno, seguí mi camino. Ya llegado el medio día empezó la fiesta de carnavales, donde participaba todo el pueblo, yo decidí ir al río a recordar viejos tiempos, al llegar allí no pude contenerme, me desvestí lo más rápido que pude para sentir la frialdad de las aguas y apagar el fuego que tenía ardiendo en mí, después de aquel susurro. Cuando di media vuelta ¡Oh no! estaba allí parado frente a mí, aquel muchacho de la voz excitante, ‘‘Al fin te encontré’’ me dijo sonriendo... no podía creerlo, mi cuerpo temblaba y mi voz se redujo a su minina expresión que solo alcance a decir ‘‘Ahh...’’ no sabía si estaba paralizada, embobada, mirando solo sus labios, sus manos, su cuerpo, nada en mí reaccionaba, me encontraba perdida en deseos y él lo sabía muy bien. Sonrió y empezó a acercarse y con cada paso sacaba de su cuerpo una prenda y eso me delata aún más, me tomó de la cintura, sonrió y empezó a besarme... yo solo dije ‘‘No, no, detente’’ aunque por dentro decía ‘no pares, ¿qué esperas? Tómame, bésame acaríciame, apriétame’. Parecía un animal en celo, le brillaban los ojos de lujuria, no creí que me besara tan tierno, me hizo llegar hasta la luna. Fue acariciando cada parte de mi cuerpo, me besaba, me excitaba con mayor furia. Bailaban sobre mis blancos pechos sus dedos, su lengua se deleitaba de manera abrupta y yo no podía poner freno a sus caricias, a sus besos, era verdad yo lo disfrutaba y lo quería por completo. Besó mi cuello mientras acariciaba y pellizcaba mis pezones, que ya duritos, reclamaban su derroche, sus caricias y el bulto de su miembro me volvieron loca de deseo. Desabroché su pantalón y su bóxer apareció ante mí con su sorpresa que deseaba sentir en mi mano, boca y resto de mi cuerpo. Él ya me estaba haciendo gemir, deslizando sus dedos bajó mi tanga y frotando mi vulva que estaba empapada. Yo respondí a sus caricias deslizándome bajo su ropa interior. Agarré su sexo por la base y lo masturbé sorprendida por su tamaño y grosor. Me bajó la tanga hasta medio muslo y me la clavó hasta el fondo. La fuerza de sus brazos me sostenían a unos centímetros del suelo mientras me embestía llenándome por completo, tal y como lo había imaginado muchas veces que me tomarían… me corrí muy rápido pero él no cesaba en su vaivén frenético. Las paredes de mi vagina apresaban la presa con fuerza, pero el bombeo no cesaba y a cada golpe de sus caderas su estaca entraba y salía casi por completo. Me apoyé en sus hombros clavando mis uñas y tratando de no caerme con tanto golpe y presión que me daba. Me iba a correr de nuevo y esta vez él lo haría conmigo. Exploté en un divino orgasmo al tiempo que notaba su leche manando en mi interior, cayendo por mis muslos. Quedé en trance unos segundos con su aparato aún en mi interior. Cuando me bajó al suelo caí a sus pies de rodillas y me la metí en la boca, limpiando cada gotita que caía de su glande y lamiéndola un buen rato. Me agarró la cabeza al ver que no paraba. Me encantó su sabor y sentirme dominada de esa forma... así que no me detuve hasta que se corrió de nuevo en mi boca. Estaba exhausta, el cansancio me invadía, él me tomó en sus brazos, me llenó de caricias, de besos y se despidió diciéndome creo que aún no me recuerdas. La verdad no lo recuerdo pero desde hoy me propuse buscar nuevas pistas para recordarlo y te las iré escribiendo en tus paginas mi querido diario…”
Saby
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Me acerco a ti con ganas de comerte por completo. Te susurro al oído:
- Princesa, en este momento quiero arrancarte la ropa, aquí mismo en donde estás, y hacerte mía. Agarrarte por el cabello para darte un beso francés apasionado que te provoque excitación - cuando así suceda mi otra mano la pasaré por tu cintura deslizando mis dedos hasta tu cadera, luego sigue su camino hasta tus nalgas, las cuales quiero apretar sin dejar de besarte. Así mismo de pie, me pararé detrás de ti, acariciaré tus senos pasando las puntas de mis dedos rozando tus pezones, subiendo mis índices por el centro de tu pecho hacia tu cuello. Con una de mis manos dibujaré tu boca, al mismo tiempo que la otra baja hasta tu vientre y lo llena de caricias tibias que producen cosquilleo en tu entrepierna. Un sonido producido por tanto que te deseo expresa mi boca - Afff - Ese aire en tu cuello y el sonido en tu oído te excitan mucho más. Mi mano desciende hasta tu sexo y siente esa humedad caliente que tanto me encanta. Te la acaricio lento pero muy rico, aquella mano que dibuja tus labios la uso para tomar tu mentón y voltear tu rostro hacia mí, besándote nuevamente. Mis caricias aumentan de velocidad junto con tu respiración, agarras fuerte aquella mano y tu cadera me empuja dentro de ti, desnudas las pocas prendas que quedan en mí, con dificultad por la posición, tomas mi miembro y me introduces en ti produciéndonos placer inigualable e indescriptible. Lo hacemos con frenesí, hambrientos de placer. Estás 'mojadita', eso me enloquece. Aquella mano inquieta sigue sus caricias en tu clítoris mientras que la otra juguetona aprieta tus senos. Juntos llegamos al clímax. Es único. Esta mezcla deliciosa, un cóctel único que solo tú y yo sabemos preparar.
- Oscar -
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Me encantaba la forma en que se excitaba cuando yo la provocaba, solo yo sabía decir las palabras correctas, los gestos y momentos perfectos para elevarla a un estado único.
Esa noche tras varios meses juntos, quería complacerla y como siempre brindarle un orgasmo maravillosamente placentero. La besé y le recordé cuanto la amaba. Le susurraba lo que quería hacerle muy cerca de su oído, (el viento de mi voz en su oreja y cuello, la enloquecían) Acaricié sus senos por encima de su ropa, allí quedo en silencio y su sonrisa paso a ser un rostro serio, no porque no le gustara, sino por el placer que le estaba provocando. Levanté su falda y luego por dentro de su ropa interior introduje mi mano. Un gemido escapó de sus labios provocándome en gran manera. Mis dedos comenzaron a acariciar su clítoris, lentamente, luego sus labios, la besé nuevamente mientras mis caricias seguían elevándola al paraíso. Tras unos minutos me concentré solo en esa parte que la enloquecía hasta que explotó... los sonidos que hacía eran increíbles. No me detuve, seguí acariciándola allí unos segundos más, a pesar que sabía lo sensible que quedaba tras un orgasmo - ¡No más, papi! ¡No aguanto! - me dijo con voz jadeante, yo sabía que lo decía porque el placer era tan intenso que sobrepasaba su capacidad. - Solo un momento más, mami - Le respondí, mirándola. Otro orgasmo conmociono su cuerpo nuevamente. Le di un beso delicioso, a la par que detenía mis dedos de su movimiento - Te Amo - susurré...
Me encantaba complacerla.
- Oscar -
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Esa noche, ya llevábamos un buen tiempo excitándonos sin que nos vieran, bajo la mesa, y más, con manos inquietas y cuerpos deseosos. Las ganas aumentaban más y más, la sensación era exquisita. Cenamos con la familia y entre las conversaciones nuestras miradas se cruzaban en un juego incitante y provocativo en el que también participaban nuestras sonrisas. Terminamos de cenar y nos encontramos en el baño sin levantar sospechas. Un beso apasionado y nuestras manos rápidas nos ayudaron a desvestir lo suficiente para disfrutar el uno del otro. Estaba encendida, y sentí su sexo húmedo con mis dedos que preparaban el camino para la culminación. Levanté su pierna derecha mientras acoplamos nuestros cuerpos y con mucha pasión lo hicimos en aquel baño en esa noche de navidad. El sudor y las respiraciones agitadas terminaban con varios minutos gloriosos... nuestra 'noche buena' que luego continuó en nuestros dormitorios cuando la reunión familiar concluyó.
- Oscar -
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La recibí en el aeropuerto con un ramo de rosas rojas, tal y como siempre me dijo que le gustaban. Nos fundimos en un abrazo, de aquellos en los que no importa el tiempo así como tampoco nada más alrededor. El beso fue tan real... tan único.
La llevé a mi apartamento, entramos besándonos y sin soltar nuestras manos. Dejé su equipaje en la sala y cerré la puerta. Allí mismo en la sala comenzaron nuestras respiraciones a aumentar y los cuerpos a desear, la pasión incendió la habitación y nos desnudamos el uno al otro rápidamente, La acosté en el sofá mientras yo lo hacía encima de ella. Allí totalmente desnudos y con nuestros corazones acelerados, me detuve unos segundos, la mire fijo a los ojos ''¡Dios! Cuánto la amo'' posé mi frente en la de ella y sin dejar de mirarla bajé mi mano a su sexo y le acaricié, su rostro denotó placer extendiéndose por todo su ser. Me acomodé y la penetré con muchas ganas, el vaivén de nuestras caderas se confundía con los besos y caricias... repetimos varias veces esa tarde.
Luego tomé mi guitarra y le canté esa canción que tenía preparada durante tantos meses que la esperé. Sonrió y nos amamos en el silencio de las miradas, donde las caricias y los besos gritan.
- Oscar -














