sábado, 30 de noviembre de 2013

Desde el acantilado de Torres.


La noche era estrellada, el viento jugaba con mis cabellos, en mi rostro sentía la suave y dulce brisa marina como la caricia de un amante entregado.

El descapotable desafiaba las curvas de la carretera, deslizándose como la lava de un volcán hacia el mar. El fular que rodeaba mi cuello batía al viento. Mi feliz y alocada risa se confundía con los ruidos del viento y de las olas del mar, me sabía atractiva, bella, admirada, deseada.

La presencia de Alberto, me excitaba, sus grandes ojos verdes, su pelo con algunas canas, un poco largo por el cogote acentuaban aún más su aspecto de galán atractivo, Sus cabellos ondulados me incitaban a acariciarlos, me encantaba meter mis dedos entre ellos, mesar sus ondas y juguetear. Sus piernas eran fuertes y largas al mismo tiempo que musculosas. Sus manos huesudas sus dedos largos y finos, de uñas bien cuidadas, parecían hechas para la caricia, eran cálidas, suaves, de piel tersa, se diría que eran hábiles para las artes amatorias.

Al otro lado de la carretera había un bosque lleno de árboles milenarios donde las familias iban a pasar los días festivales.  El paisaje muy incitante con la luna reflejándose en el mar, parecía invitar al amor y la fantasía.

Para contemplarlo mejor, nos detuvimos a un lado de la carretera, desde allí, podíamos ver el acantilado. Las luces de un caserío y de algunas pequeñas aldeas, se divisaban al fondo, se diría que eran como las pequeñas lucecitas de unas casitas de muñecas. 

Bajamos del coche, para poder contemplar mejor aquel paisaje.

El panorama que se contemplaba era alucinante. Alberto se me acercó muy atrevidamente tomo mi rostro con una de sus manos, entonces clavando sus ojos en los míos, paso su dedo índice por los perfiles de mis labios y dibujándolos. Mimosamente los beso con mucha dulzura, provocándome un escalofrío que recorrió todo mi cuerpo poniendo en alerta toda mi voluptuosidad. Mi corazón trotaba más que latía. Todo empezó a despertarse en mi sensualidad

Me sentía deseada, me encantaba el juego, el coqueteo, volverle loco de deseo y saque mi lengua húmeda, de una manera muy insinuante, ¡me gustaba sacarle de quicio!, hacía como que quería morder su dedo, este gesto coqueto le provocaba, era lo que en realidad yo quería, volverle loco de lujuria y pasión.

Me sentía... excitaba... una sensación de placer me invadía...

Note como su bragueta se abultaba. Había conseguido traerlo a mi terreno, excitándole, disfrutaba con el juego. Su respiración era muy agitada y a veces entrecortada. Le gustaba jugar con mi boca, con mis besos, mi lengua mojada lamía toda su cara . Besaba sus ojos, mordía sus mejillas, su barbilla, me sentía totalmente embriagada de placer.

Sentía el aroma de su piel. La suavidad de sus manos, la delicadeza de sus caricias. Todo esto producía un elixir muy extraño que me transportaba a un mundo casi irreal.

Me llevo hacia el asiento trasero del coche, lo abatió, nos instalamos y comenzó a acariciarme, primero abrió mi blusa y comenzó a chupar mis pechos, lamiéndolos, sus dedos pellizcaban mis pezones, los acariciaba, jugaba metiendo sus dedos por debajo del sujetador, creí morir de excitación, quitó mi blusa y se inclinó a besarlos y mordisquearlos, estaban duros, excitados. Abrí su camisa y pasé a tomar parte en el ritual del sexo, fuerte y lascivo, mi lengua húmeda mojaba todo su torso. Jugaba con sus vellos, tiraba de ellos provocándole a veces un ligero dolor mezclado con placer.

Me gustaba. Le sentía entregado a mis caricias y notaba que su miembro cada vez estaba más duro y su calor se advertía a través de su pantalón. Su camisa abierta delataba su respiración agitada. El juego en el que estábamos inmersos era cada vez más caliente, el deseo al gozo se hizo dueño de la situación, sudábamos. Nuestros cuerpos estaban salados, calientes. Los cabellos despeinados, mojados. Se diría que estábamos embriagados con los efluvios que emanaban nuestros cuerpos, llenos de pasión, las caricias llenas de lujuria nos sacaban de la realidad. La pasión latente anulaba nuestras voluntades.

Al sentir el calor de sus manos suaves como me acariciaba entre mis piernas, mi vagina se abría, se llenaba de humedad, esperando el calor de su miembro eréctil, necesitaba sentirle cerca y excitado para apagar la fogosidad que invadía todo mi ser. Buscaba su pene, lo tocaba, lo lamía de una forma glotona como si se tratara de una deliciosa golosina.

Yo llevaba una minúscula minifalda, tableada, que al estar sentada dejaba ver muy espléndidamente, mis piernas bronceadas. Alberto, aprovechó lo minúsculo de la falda que le daba facilidad para poder deslizar sus manos, llegó al comienzo de mi tesoro y con uno de sus dedos retiró parte de la braguita, metiendo su dedo dentro apreció que estaba muy mojada me miró y como con un susurro me dijo:
- estas muy mojada ¡me gusta! - y deslizó su dedo pulgar hacia el clítoris acariciándolo muy suavemente produciéndome un placer que me hizo abrazarme a él para poder controlar los movimientos casi convulsivos, Alberto al verme gozar de esas formas, no pudo controlar su impulso y me sentó encima de sus rodillas y metió su miembro eréctil dentro de mi pequeña cueva . Su orgasmo fue muy fuerte y profundo. Buscaba mi boca para beber en los labios que habían sido los inductores a esta pasión que aún dejaban rastro del gozo disfrutado.

Su respiración era de nuevo diferente, de pronto metió su mano por debajo de mi blusa y me arrancó el sostén, jugaba con mis pechos, pellizcando muy suavemente mis pezones acercó su boca y los lamió, le gustaba morderlos delicadamente, mi olor a mujer excitada, era como una embriaguez que le anulaba otro pensamiento que no fuera el gozar de nuevo, todo ese juego me colocaba fuera de control.

Aunque no hacía ni media hora que habíamos gozado salvajemente, deje mi mano colocada encima de su bragueta. Alberto reaccionó de nuevo y volví a sentir el calor de su miembro y su dureza.

La excitación nos empujaba a la lujuria de nuevo. Sus labios buscaban los míos como poseído por un solo pensamiento, el lívido estaba al máximo.

Cuando el noto mi mano sobre su bragueta se removió en su asiento y alargando su mano la deslizó por debajo de mi minúscula falda.

Volví a acariciarle por encima de su pantalón. Abrió la cremallera del mismo y cogiendo mi mano la puso encima de su pene, con pasión me incline y la metí en mi boca, la chupaba, la lamía estaba muy caliente. Abrió la puerta del coche, salió de él. Bajó sus pantalones, me quito las bragas, sentándome encima de él metió su verga en mi pequeña cueva que de nuevo estaba caliente y mojada, empezamos a movernos a bombear para que el placer fuera pleno, lo sentía tan dentro que, casi me hacía daño, pero era un placer inmenso, yo notaba como su semen salía y lo derramaba dentro de mi vagina, sintiendo el orgasmo al mismo tiempo. Mis rodillas apoyadas en su asiento me ayudaban para poder mover mejor mis caderas, y de ese modo poder dar más movimiento a su pene que yo apretaba con los músculos de mi vagina. Alberto estaba enloquecido, era como si su pasión le produjera frenesí, movía su cintura, sus movimientos eran acompasados, suaves, al unísono, hasta que sentimos que nuestros líquidos se mezclaban.

Fundidos los dos en un mismo placer alcanzamos un orgasmo pleno, donde nuestros cuerpos habían disfrutado al máximo de la voluptuosidad de dos seres apasionados dejados llevar por el rumor del viento mezclado con la espuma del mar.

Nuestras miradas se encontraron y se hablaron sin palabras durante algunos segundos nos unimos en un apasionado beso.


Corregimos algo nuestros aspectos y nos vestimos, pusimos de nuevo los asientos en su forma correcta y nos deslizamos carretera abajo para incorporarnos a la civilización. Pero los dos éramos conscientes de que algo nuestro había quedado impregnado en ese lugar, donde la noche la luna y el mar fueron cómplices de la pasión y voluptuosidad de una noche sobre el acantilado.



domingo, 17 de noviembre de 2013

Relato erótico: 'Hoy'



Hoy...

Hoy sentí la suave caricia de tus manos sobre mi cuerpo, y al sentirla me estremecí varias veces, fue una caricia dulce lenta y tierna, sobre mi ropa sentí como se elevaban mis pezones poco a poco, mis piernas se abrían cada vez más para dar paso a tus caricias entre ellas, sentí vapor saliendo de mis entrañas, deseaba que me tocaras más fuerte pero no fue así, tus movimientos eran suaves, tersos apenas rozando…. De vez en cuando alcé mi cuerpo para que tocaras con más dureza, pero tu mano se movía lentamente hacia otro lugar... susurrándome palabras bellas solo a mis oídos...

¿A quien perteneces?  Me decías al oído y tu respiración tan cerca me estremecía... yo con voz suave entre cortada contesté soy tuya... solo tuya siempre...

¡Qué bellos movimientos son los de tu mano!

Cuando por fin acariciaste dentro de mi playera ajustada solo rozabas mis pezones con tus dedos como hojas de otoño cayendo en mi cuello, sobre mi pecho y hurgando mi vientre, de vez en cuando alcanzabas mi rostro...

Deseaba lamer tus dedos, pero solo atinaba a rosar tu cuerpo con mis labios mientras tú, seguías el ritual con mi cuerpo desde mi cabeza hasta mi entrepierna lentamente...

Una y otra vez, arriba y abajo sin cesar, cuando llegaste a mis piernas, sentí tu palma firme rozando la zona de mis delirios. ¡Sentía explotar!

Ese calor que salía de mi vientre me volvía loca ansiosa de que tocaras adentro, desesperada porque te adentraras y así de pronto sin avisar, medio y anular se hundieron en mi interior me abalance para sentirlos más, pero así como llegaron se fueron dejándome aún más excitada y deseosa de tus caricias, poco a poco me desnudaste, mientras lo hacías tus manos recorrían cada parte de mi cuerpo lentamente, despojándome de mi ropa, sentí la huella indeleble de tus dedos en mi piel... ahora el tacto es completo y nítido, suave y lento, apenas rozando y yo revolcándome porque lo hicieras más fuerte... tus manos iban de arriba a abajo sin piedad ante mi ansiedad, la palma de tu mano rozo mi clítoris enardecido y sentí como bajaba lentamente entre mis labios mayores el río de fuego que desbordaba desde los menores... de pronto índice y medio salían y entraban lentamente, suave como caricia de pétalo, hurgando ahí dentro como medusa a una esponja y al sentirla lentamente acaricio, suave.... haaa... tan suave.... que dejo salir un poco de mi savia... fue grandioso un temblor imparable en todo mi cuerpo, tanto que no lo detuve por mucho tiempo, así seguí revolcándome y aun cuando tus manos ya no me tocaban yo sentí su suavidad sobre mí, siguieron los temblores y los movimientos ansiosos porque de nuevo me tocaras, me veía ansiosa deseando, ser poseída mas solo te limitaste a besarme suavemente y despidiéndose de mi.... Dejándome ahí!! ¡Suplicando me volvieras a tocar!

Tuve que conformarme con el recuerdo de tus dedos en mi cuerpo... Te fuiste así como llegaste... me quede suspendida, esperando verte mañana nuevamente...



sábado, 2 de noviembre de 2013

Unos labios blanditos.




Unos labios blanditos.

Tumbada desnuda, inmovilizada de piernas y brazos en cada esquina de la cama y un pañuelo cubriendo sus ojos.


La tenue luz, que se atreve entrar por la ventana, ilumina tu cálida y aterciopelada piel trigueña. Unos ojos la miran, observando cada detalle de su lindo cuerpo salpicado de tatuajes y algunos lunares, le vuelve loco.
Sus manos comienzan a acariciarla, dibujando con sus dedos su propio cuerpo; se inclina hacia ella, aproximando su nariz hasta llegar a rozarla y le respira, tiene un aroma natural que embriaga sus sentidos. Le sigue acariciando, recorriendo con sus manos el "Serengueti de su piel", su boca busca la de él, encontrándose con unos labios y saliendo al paso ambas lenguas que se cruzan y se abrazan. Pequeños mordiscos hacen que se vaya excitando más y más; ella desea tocarle pero las vendas se lo impiden, sus bocas se separan y él desliza su lengua descendiendo por su delicado cuello, notando los soplidos de la respiración provocan movimientos de excitación en su pelvis. Su lengua pasea ya rodeando sus tímidos pechos, besándolos, acariciando con los labios sus pezones, haciendo que se vuelvan de una dureza que permiten sujetarlos entre los dientes como delicados frutos exóticos.

Ella desea más y más, su respiración y los movimientos de su cuerpo la delatan, él acaricia su vientre y fluyendo se vierte sobre su pubis, los muslos ardientes de deseo se separan aún más, invitando a su mano descender por su húmedo sexo, empapándose de rica miel que aflora de su interior. Tras hacerla unas pequeñas cosquillas al transitar su nariz por el abdomen, aproxima su lengua para lamer con placer el elixir que mana de entre sus piernas, su lengua pasea por su sexo, abriéndose paso entre los labios hasta adentrarse unos centímetros por su vagina, sus lamidos, provocan en ella profundos y ahogados gemidos que la hacen sujetar con fuerza los pañuelos que la mantienen apresada. Avanzando con su lengua se abre paso hasta llegar a su abultado clítoris, su boca lo atrapa y absorbe, presionando con su lengua, cada vez, un poco más; prestando atención al rítmico movimiento de sus caderas, que, moviéndose en círculos van presionando más y más fuerte contra su cara; su lengua presiona su clítoris cada vez un poco más fuerte y sus dedos, dentro de ella estimulando el interior de su vagina con movimientos constantes.

El ritmo de la respiración aumenta, a la vez que eleva sus caderas emitiendo un gemido de placer que la hace convulsionar varias veces, una sonrisa se dibuja en su cara mientras él se separa con extrema delicadeza de su sexo. La desata de piernas y brazos, aprovechando el momento para quitarse la venda que cubría sus ojos y le mira, ella le sonríe y le obliga a tumbarse, empujándole contra las arrugadas sábanas, un excitante escalofrío recorre el cuerpo de él haciendo que se retuerza de placer.

Ella sujeta sus brazos con las manos, mientras su lengua juega con la de él de forma provocativa y poco a poco acaricia presionando su sexo contra su pene, meciéndose sobre él como si de un balancín se tratase. Sus lenguas se separan dejando entre ellas un puente de viscosa saliva, se incorpora y cabalga suavemente, sentada sobre su pene, el nota como sus labios vaginales lo rodean, el placer es infinito y moviéndose hacia atrás lo recorren de principio a fin. Le libera los brazos, aprovechando para dirigir sus manos a sus cachetes, juntándolos y separándolos en cada movimiento, le encanta su culo y lo aprieta con fuerza, apreciando con su mano izquierda una pequeña cicatriz que se hizo hace mucho tiempo; en ese momento ella desliza su cuerpo hacia adelante permitiendo que su pene entre despacito hasta el final, es indescriptible la sensación de estar dentro de ella, simplemente fantástica. Ella cabalga, frotándose su clítoris contra el duro vientre, proporcionándole un placer que la lleva de nuevo a rozar el cielo; él, ya no aguanta más y acelera sus movimientos elevando ligeramente con sus brazos el cuerpo de su amazona y dando unas rápidas embestidas consigue provocarla otro orgasmo más. Cada embestida hace acercarle al punto de no retorno y de repente como si de una explosión cósmica se tratara, algo estalla dentro de él, un placer infinito le recorre de arriba a abajo provocándole una eyaculación que dura varios segundos.

Sus empapados sexos siguen golpeándose unos momentos más a causa del clímax, produciendo unos sonidos que hacen surgir unas pícaras sonrisas de ambas caras, él acaricia su cara mientras relajan la tensión de sus músculos, se miran, se acarician, disfrutan del aroma que se desprende de sus cuerpos, llevándoles a un mundo de sensaciones donde se pierden, a la vez que unos ojos se van cerrando y un "te veo en mis sueños" se escapa de unos labios blanditos.