sábado, 28 de diciembre de 2013

Todo comenzó hace tiempo.





Me di cuenta de que me miraban de una forma distinta. Claro que a los dieciocho años, yo no podía ser la excepción. Modestamente, llamo la atención, aún sin proponérmelo.

Más aún cuando me lo propongo. El caso es que me gustaba esta situación. Me las ingeniaban para sentarme casi frente a él y bastaba un cruce de piernas para que sus ojos me exploraran todo. Brillantes, lujuriosos. Nadie se daba cuenta salvo yo.  Y nunca dije nada, para no tener problemas.

Casi como un juego, comencé a buscar su proximidad, procuraba estar aparte con él, conversaba de todos los temas... Yo sabía que me veía a mí. Y eso me encantaba.

Conforme iba pasando el tiempo y la intimidad entre nosotros crecía. Escotes, faldas cortas. me ponía faldas que me llegaban a los muslos. Lo tenía pendiente de mi cuerpo. Le iba a fascinar.  Sé que le llamaba mucho la atención.

- ¡Hola! – saludó cuando abrí la puerta, dándome un beso en la mejilla. Pero me rozó los pechos ligeramente.
- ¡Que sorpresa! - Sabía disimular muy bien... Parecía haber estudiado la táctica. Me divertía el juego.

Estando con tanta gente mantuve las rodillas juntas por algún tiempo. La mirada fija entre mis piernas. Fingí acomodarme y las abrí más aún. Ya debía poder ver los pelitos de mi conchita. Estaba inquieto. Le di un espectáculo que sería inolvidable.

Las tetas, la concha, no se perdió un detalle. Me causaba gracia ver como trataba de disimular el bulto en su pantalón al levantarse...

Yo estaba realmente divertida, Y algo excitada, debo reconocerlo. Pasé a ser yo la que se babeaba mirándolo.

Nuestra relación se fue haciendo más íntima y desinhibida. Tácitamente parecían entender que la cosa quedaba entre los dos, y evitaba todo comentario o situación que pudiera comprometer nuestro secreto.

Eso era evidente. Delante de la gente, los diálogos eran convencionales, normales, pero cuando estábamos solos la cosa cambiaba, los temas se fueron haciendo más comprometidos, el juego de miradas era explícitamente erótico y no ocultábamos la atracción que el sentía por mí ni la que yo experimentaba por él.

En una ocasión me dijo
- ¿Algún día, te podrías apiadar de mí y dejarme ver más tus piernas? - su mirada pícara era toda una invitación.
No pude resistir la tentación de jugar con sus sentidos.
- Claro, yo caliento el agua, y después las demás chicas se toman el té… - procuré ponerle a mi sonrisa toda una carga de insinuación.
- Bueno, ¿y si te lo tomas tú?, mejor…  - no dije, y me dio miedo que se insinuara tan abiertamente.

Era la primera vez. Ya no se trataba sólo de miradas… Traté de conversar con mis amigas, pero no podía concentrarme.  Él además de mirarme, quería cogerme. Eso me tuvo agitada todo el resto de la tarde.

Sentía la conchita húmeda y las mejillas ruborizadas. ¡Qué sensación! Esa noche, en la cama la lujuria me desbordaba.

Pero porque él se había insinuado mucho, no podía quitármelo de la cabeza. Imaginaba que me cogía.
¡Por favor! Tuve dos orgasmos seguidos.

Al día siguiente, lo miraba ir y venir y mi sangre se revolucionaba.
- No te pongas celosa, eso nunca va a pasar

Y él me dijo...
- ¿Te gustaría salir el martes? – me propuso. Ya lo tenía donde yo quería.

El lunes estaba como loca. Definitivamente, se iba a morir… En algún momento, reparé en que, decididamente, estaba pensando en desnudarme delante de él. Esa certeza me excitó totalmente. Separé las piernas y me acaricié el pubis, que estaba empapado. El olor de mi flujo fue el detonante. Me masturbé deliciosamente hasta que sobrevino un orgasmo estremecedor.

El martes por la mañana, Tenía que encontrarme a las nueve con él, de modo que me preparé y salí después de desayunar,

- ¿Lista para disfrutar? – Me pregunto
- Totalmente – respondí.
¡Cómo me gustaba sentirme deseada de esa manera!

Quería excitarlo un poco más. Era un pequeño paraíso.
- ¿Nos vamos a quedar aquí? – pregunté,
- ¿Te gusta este lugar? – Podemos nadar y tomar sol…
Me miraba con picardía. Sabía que me gustaba que me mirara. Me volví hacia él, sonriendo.
- ¿No estarás pensando que me voy a desnudar? – quería ver su reacción.
- Me parece que tú tienes muchas ganas de verme desnuda… - sonreí, levantando los brazos. Mi conchita ya se humedecía.

Sentí su aliento tibio sobre mi cuello y su mano acariciar mi espalda. Mis pezones se endurecieron, marcándose sobre la fina tela. Separé mis pies, sintiendo la brisa de la mañana acariciar mis partes más íntimas.
- ¿Y que harás? - Pregunte
- lo que tú quieras - respondió
- ¿Lo que yo quiera? – pregunté, insinuante, mi boca entreabierta cerca de la de él, era una tentación que él no pudo resistir. Me besó profundamente, jugando con su lengua. Me sentí penetrada y me descontrolé.

Basta de juegos. Quería que me cogiera en ese momento. Solo los dos. La mano de él se deslizó por debajo de la falda y me acariciaba la conchita. Sabiamente, separaba los labios vaginales y jugaba con el clítoris, provocándome un sin fin de sensaciones, cada cual más placentera. Noté que introducía un dedo y abrí más las piernas para darle lugar, mientras su boca había abandonado mi boca y chupaba mis pezones erectos por encima de la blusa.

Ni una palabra. Todo estaba sobreentendido. Desde hacía algún tiempo, los dos sabíamos que terminaríamos cogiendo. La voz de él sonaba ronca mientras descendía con su lengua por mi vientre hasta llegar al pubis.
Acaricié sus cabellos, guiando su boca hasta donde él y yo queríamos que llegara. Sentí su lengua recorrer todo mi sexo y penetrar en mí, mientras con sus manos hacía estragos con mis pezones.

Me llegó el primer orgasmo. Intenso e inesperado. Grité mi placer en la soleada mañana. Se colocaba detrás de mí, sus manos acariciaban con violencia mis tetas mientras una de las mías buscaba su verga.

- Mmmm… pensé y mi conchita se contrajo en un nuevo orgasmo.
El levantó su cara, empapada por mis jugos. Irguiéndose, me besó salvajemente en la boca y pude percibir el gusto de mi propio flujo. Agradable. También era interesante. Sentí que me volvía loca con él.
- Me quieres coger… - murmuré –
El adivinaba mis pensamientos y ya no tenía secretos con él.
- Sííí… - me entregué -  quiero que me cojas toda, quiero sentirte dentro mío… - estaba desbocada, él se quitó los pantalones quedando desnudo, y él comenzó a frotar su verga contra mi conchita, entre mis piernas abiertas, volviéndome loca hasta casi perder el conocimiento.

Nunca me había sentido de esa forma. Tan caliente. Esa es la definición perfecta. La sangre corría desaforadamente por mis venas, mi corazón golpeaba en el pecho, el sudor en mi piel. Todo era un fuego. Mi espalda contra la pared amasaba mis tetas sin piedad, causándome una mezcla morbosa de dolor y placer, y mordía mis hombros y mi cuello. La verga de él, frotándose contra mi concha hasta quedar totalmente empapada por mi flujo; levantó mis piernas, dejándome suspendida en el aire, sostenida únicamente por sus brazos.

- Siénteme – me dijo y me preparé para que me penetrara. En cambio, bajo y fue su cara la que se abrió camino entre mis piernas totalmente abiertas hasta la entrada de mi vagina. Noté la presión de su lengua adueñarse de mis sentidos. Centímetro a centímetro me pasó su lengua entre mis gritos de placer y mares de flujo que salían de mi vagina.

- ¡Ay qué tremenda lengua¡ – me escuché a mí misma decir entre la lujuria – ¡Me vuelves loca, me vas a dejar sin conchita!
- ¡Gózalo, sé que te gusta! – Se retiró dejándome con ganas de más,
- No seas golosa… - Los dedos de él acariciaban mi conchita, humedecida
- Tranquila…. - adivinando mi temor, comenzó a dar más ritmo a su bombeo dentro de mí, sobándome y chupándome las tetas, de modo que mi atención volvió a concentrarse en él y disfrutar de las caricias.

Otro orgasmo me hizo olvidar totalmente mis temores. Sabiamente, como un experto comenzó de nuevo las caricias. Sentí un calor que me invadía, no paraba de chupar mis tetas.
- ¡Acabaste como cuatro veces ya! - estaba maravillado de cómo gozaba yo con él.
Grité, totalmente zafada – hazlo otra vez
- Despacio, disfrútalo – con voz calma me hizo enervar aún más, me desaté totalmente. Si con todo aquello me sentía en la gloria. Comencé a agitar mis caderas, sintiendo el roce de los dedos.

- ¡Ya está! - Los sentía vibrar dentro de mí, experimentando múltiples orgasmos. Durante un tiempo más me abrazaba y besaba tiernamente, mientras sus manos acariciaban mi cuerpo. Me sentía maravillosamente mimada y suspiraba enternecida por las atenciones de él. Se retiró de mí.

- saciada y feliz. Mmmm… – susurré, cerrando los ojos, sintiendo el sol que acariciaba mi cuerpo desnudo.

- ¡Hace tiempo que te tenía ganas! – sonreía él, relajado a mi lado, pero no sabía cómo empezar… y me volvió acariciar. Me chupaba las tetas y mi conchita estaba nuevamente empapada, y él Estuvo jugando con mi conchita por un rato hasta que se paró.
- ¡No te quejes que te gusta, viciosa! – la sonrisa burlona de él me terminó de desquiciar. Lo mordí con todas mis fuerzas hasta casi sangrarlo y apreté mis piernas alrededor de su cabeza mientras, experimentaba el orgasmo más profundo que recuerdo.

Como si fuera un detonador, y el reía mientras recuperaba el aliento,

– ¡Es más peligroso cogerte a ti que ir a la guerra! – me miraba con picardía.
Había despertado en mí una fiera. Nunca me había sucedido. Y nunca me había sentido tan bien.
Esto marcó el estilo de nuestra relación, cada vez que nos veíamos parecía una batalla. Era una cariñosa violencia que me tenía atrapada.


Volvía a casa feliz y satisfecha. En lo que cabe...

2 comentarios:

  1. Fragmento ¨¨TU COQUETERIA¨¨

    Desde hace tiempo, desde que te veo,
    te has dado cuento que disfruto la visión,
    a tus pocos años no eres la excepción
    que sin proponértelo enciendes mi deseo

    Me gusta te propongas acelerar la situación
    al cruce de tus piernas al sentarte frente a mi
    permites a mis ojos, disfruten la ocasión,
    brillantes y lujuriosos devoraban todo de ti.
    Rafa Fles-

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